En el encuentro Cerveza con Ciencia, explicó el proceso de producción de un fármaco desde el laboratorio a la clínica

Conferencia completa:

En un ambiente distendido, dentro del ciclo Cerveza con la Ciencia, el investigador del grupo Bioorgánica de la Universidad de Burgos (UBU), Roberto Quesada, afirmó que en ocasiones se siente como un artesano de la Ciencia. Este científico hizo un guiño a la Catedral de Burgos y contó sentirse como un artesano, aportando su grano de arena a un gran proyecto gracias a toda esa suma de muchísimos esfuerzos a pequeña escala es como se consiguen al final monumentos tan impresionantes como la Seo burgalesa.

Cerveza con ciencia

En este encuentro, que organiza la Unidad de Cultura Científica e Innovación de la UBU y la empresa Mahou San Miguel, el investigador de la Universidad de Burgos aclaró cuál es el proceso que lleva a un fármaco desde el laboratorio hasta la clínica, y por qué a veces recibimos noticias que parecen muy esperanzadoras, pero difíciles de interpretar, incluso para los expertos en la materia. Parece que cada poco tiempo se encuentran curas, de las que luego nadie vuelve a saber, para enfermedades muy complicadas de tratar, como los cánceres y podemos dudar. ¿Nos cuentan mal los hechos o no los entendemos bien?

Investigando moléculas para curar la fibrosis quística

En la segunda sesión de Cerveza con Ciencia, se refirió a que a pesar de que existen algunos tratamientos específicos para los distintos tipos de mutaciones de la fibrosis quística, están centrados en paliar los síntomas. El enfoque del grupo de Bioorgánica de la Universidad de Burgos es más ambicioso. Tratan de sustituir con una molécula diseñada en el laboratorio la función esencial de una proteína que les falla a los afectados por esta enfermedad. De conseguirlo, todos los enfermos de fibrosis quística, sin importar su tipo de mutación, podrán beneficiarse del medicamento resultante.

Roberto Quesada incidió en las tres grandes fases que tiene una investigación de fármacos antes de ser aprobada y estar disponible para la sociedad. El primer paso consiste en el descubrimiento de una ‘diana terapéutica’ (un lugar del organismo donde un fármaco puede actuar para curar la enfermedad), seguido de la investigación y desarrollo de compuestos efectivos y seguros, que puede durar entre 2 y 10 años. En segundo lugar, se encuentran los estudios pre-clínicos, en los que se hacen pruebas del compuesto seleccionado en células (in vitro) y en seres vivos (in vivo), un proceso que se puede alargar hasta los 6 años. La mayoría de las noticias prometedoras que recibimos de nuevos fármacos, recalcó el doctor Quesada, pertenecen a investigaciones en estas dos fases previas, pero aún queda una tercera fase, esencial y tremendamente cara, antes de poder lanzar un medicamento.

En la última fase, la del desarrollo clínico, si el compuesto ha pasado bien las dos fases anteriores (y son poquísimos los compuestos que llegan, ya que han de ser muy prometedores antes de lanzarse a invertir grandes sumas en su investigación), se procede a investigar su efecto en humanos. “De los compuestos que entran en la fase del desarrollo clínico”, explica Roberto Quesada, “menos del 10%  llega a ser aprobado, según datos de la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos)”.

Cerveza con ciencia

Una vez explicado el contexto de las investigaciones clínicas, detalló su principal investigación, el proyecto TAT-CF (Transportadores de Aniones Transmembrana para la Fibrosis Quística, en español) un proyecto con dinero y socios europeos liderado por la Universidad de Burgos, cuyo objetivo es encontrar una cura para la fibrosis quística en todas sus posibles mutaciones. La fibrosis quística es la enfermedad rara con mayor prevalencia en la raza blanca caucásica, y uno de sus síntomas más notables es la inflamación e infección de las vías respiratorias debido a un exceso de mucosa producida.

Casi cincuenta premiados por una promoción de San Miguel a través de las redes sociales asistieron a esta exclusiva conferencia, donde pudieron aprender sobre la importancia del lúpulo en la creación de la cerveza y catar la variedad 1516, “la cerveza más exclusiva de San Miguel”, mientras el científico de la UBU explicaba su investigación en un ambiente cálido y cercano.